El jefe del Ejecutivo reivindica el coraje y la unidad del levantamiento del 25 de mayo de 1808 para afrontar los retos actuales y avanzar hacia el porvenir
- El presidente pide audacia, valentía y diálogo “para aportar lo mejor a un proyecto común que se llama Asturias”

El coraje y la unidad mostrada por los asturianos y asturianas el 25 de mayo de 1808, cuando el pueblo tomó la soberanía tras alzarse contra las tropas de Napoléon, son en palabras del presidente del Principado, Adrián Barbón, “un ejemplo para afrontar los retos actuales y avanzar hacia el porvenir de Asturias”.
El jefe del Ejecutivo ha encabezado el acto institucional que conmemora unos hechos históricos “de gran relevancia para la comunidad y para España entera, que dieron origen a nuestra bandera y con los que teníamos una deuda histórica”. En 2021, el Gobierno del Principado inició esta conmemoración del Día de la Bandera que hoy ha congregado en el palacio de los Condes de Toreno de Oviedo/Uviéu a representantes de las principales instituciones civiles, militares, judiciales, empresariales, sindicales y culturales, así como de los grupos parlamentarios y colectivos sociales.
“Asturias hizo escuchar su clamor en todo el país y su levantamiento dio lugar a la Junta Suprema, el primer órgano de poder que reconoció en España la soberanía popular. Aquellos días heroicos enorgullecen a cualquier demócrata”, ha subrayado el presidente. En su intervención también pidió audacia, valentía y diálogo “para encontrar puntos de encuentro y aportar lo mejor a un proyecto común que se llama Asturias”.
Esta ha sido su intervención íntegra:
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, ADRIÁN BARBÓN
Acto institucional de conmemoración del 25 de mayo de 1808
Gracias por su asistencia. Gracias en especial a Aisha, a Marina y a Josefina Velasco por haber participado en esta conmemoración del 25 de mayo de 1808, nuestro día de la bandera. Para mí, una de las celebraciones más relevantes que tengo el honor de presidir.
Precisamente, mi admirada Josefina Velasco ha ahondado con más rigor y conocimiento del que yo podría ofrecerles en los hechos del 25 de mayo de 1808, cuando el pueblo asturiano decidió ir a las armas contra el ejército más poderoso de la tierra y alzarse en el levantamiento que dio la soberanía al pueblo y origen a nuestra bandera.
Confieso que, solo con citarlo, vuelvo a preguntarme por qué hemos regateado durante tanto tiempo los honores a unos acontecimientos de semejante relevancia para Asturias y España entera. He leído varias explicaciones, hipótesis más o menos verosímiles, pero ninguna me consuela. Lo cierto es que teníamos una deuda histórica con el 25 de mayo de 1808. Con los hechos, con sus protagonistas, con su significado político y con nosotros mismos como comunidad. Aquellos días heroicos en los que Asturias hizo escuchar su clamor en todo el país, que dieron lugar a la Junta Suprema, el primer órgano de poder que reconoció en España la soberanía popular, enorgullecen a cualquier demócrata.
En 2021 decidimos conmemorarlo como día de la bandera. Con humildad, ha sido un acierto que debe tener continuidad por encima de los vaivenes políticos que puedan suceder. Desde luego, personalmente asumo ese compromiso. Espero y deseo que ésta no sea una reconciliación circunstancial con nuestro pasado, sino que se consolide para siempre. A propósito, déjenme expresar mi felicitación a Javi de Castro, autor del webcómic Asturias, el origen de una bandera, que difundimos el año pasado. Como saben, su obra ha sido seleccionada para los premios internacionales Will Eisner, uno de los mayores galardones que puede recibir un ilustrador. Ya ven, el 25 de mayo suma otro motivo de orgullo.
El rellatu de los acontecimientos de mayu de 1808 apasiona a cualquiera. Fueron xornaes exaltaes, d’esos díes que consumen les hores a fueu, d’inflamación pura. Pero más que volver sobre lo asocedío, permitan que plantegue otres reflexones. Por exemplu, preguntémonos qué ye un pueblu ensin la so memoria. Atreveríame a afirmar qu’apenes sedríemos nada, porque la memoria ye la razón y el sentimientu. Nes pallabres d’Emilio Lledó: somos memoria y vivimos de esa memoria.
Güei pudimos sentir na voz d’Aisha y Marina dalgunos párrafos de la carta que Xovellanos unvió al marqués de Camposagrado sobre’l blasón qu’había pintase nes banderes del Reximientu de Nobles, l’orixe mesmu de la nuestra bandera. Nes sos pallabres llaten dos inquietúes: l’amor a Asturies y una recia fidelidá a la historia, un afán d’autenticidá. Esos son tamién los motores d’esti actu. Equí naide patrimonializa nada; equí tamos toos pa honrar a la nuestra tierra.
La bandera que güei conocemos y portamos con arguyu ye esa mesma qu’ideó l’ilustráu xixonés. Vémonos ondiar en cualquier acontecimientu y reconócemos. Esa enseña únenos con filos invisibles, filos que son les frebes de la nuestra historia, d’una identidá compartida y d’un futuru común.
Este acto tamén é úa proyección hacia el futuro. Conocer el llevantamento popular de 1808, el coraxe y a unidá cua qu’Asturias afrontóu os desafíos d’aquel tempo, bríndanos forza para avanzar con confianza hacia os retos da actualidá y avanzar hacia el porvenir.
Profeso a fe del optimismo, admítolo, peró non peco d’inxenuo. Sei qu’a memoria, indispensable para un poblo, é tamén fráxil. Cérnense sobre ella varias amenazas. Al olvido, ese veyo toupo, súmanse as tentacióis da manipulación ou el falseamento. Nun deixemos que trunfen. Frente al olvido, memoria; frente á manipulación, conocemento, respeto pleno á verdá.
El acervo del Principao enzarra outro valioso tesouro, qu’hemos preservar d’ese peligro del olvido: as nosas llinguas propias. Dudéi al hora d’incluir esta mención, porque nun pretendo, de nengúa maneira, qu’este acto propicie discrepancias. Penso, non obstante, que todos podemos compartir dúas consideracióis. Úa, el inmenso valor patrimonial y cultural del asturiano y del eonaviego. Outra, el peligro certo da súa desaparición. Por favor, nun as deixemos morrer d’olvido. Como xeneración, asumamos a audacia y a valentía necesarias para preservallas.
La audacia y la valentía son necesarias para atreverse a remar a contracorriente. Hoy, en los tiempos que corren, ese es un ejercicio imprescindible.
Miremos a nuestro alrededor. Todo parece condenado a la polarización, la división y el resentimiento, como si una especie de catástrofe natural se encargara de erosionar el diálogo y arrastrar por los aires capacidad de acuerdo.
Me rebelo. No estamos condenados por una deriva imparable. Basta con que nos esforcemos en buscar puntos de encuentro, en aportar lo mejor de nosotros mismos a un proyecto común que se llama Asturias. Como digo a menudo, Asturias, lo primero.
Podremos hacerlo porque ya supimos hacerlo en el pasado, en aquel 25 de mayo de 1808. En este acto encontramos un excelente ejemplo, uno de los mejores de nuestra historia, para saber cuánto de bueno puede aportar la unión, el sentimiento de comunidad y el orgullo de identidad. Pongámonos a ello porque HOY TOCA HACER BANDERA DE ASTURIAS.
*Con audios del presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón



















