null El presidente del Ejecutivo destaca el potencial del patrimonio industrial, “una riqueza viva” capaz de crear actividad y empleo en las cuencas
12 de junio de 2026

El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha defendido hoy el patrimonio industrial como un activo estratégico de futuro para la comunidad autónoma y ha asegurado que este legado ya constituye “una riqueza viva generadora de actividad y empleo”.

Barbón ha participado en la presentación del libro Tracks Memory. Memoria industrial y paisaje cultural, del experto Miguel Ángel Álvarez Areces. En el acto, celebrado en el pozo Sotón (San Martín del Rey Aurelio), el presidente ha destacado el potencial de las instalaciones industriales, siderúrgicas o mineras, que si bien durante un tiempo parecían condenadas al olvido, se están reinventando para otros usos, como demuestran los proyectos industriales ya en marcha en los pozos Carrio, Santiago o San Jorge.

“El patrimonio industrial también es parte de nuestro futuro, del futuro de Asturias”, ha afirmado el jefe del Ejecutivo. En esta línea ha resaltado la apuesta del Gobierno asturiano por la marca Asturias, naturaleza minera”, un proyecto de promoción del turismo industrial que cuenta con una dotación de 4,5 millones de fondos europeos.

 “Tenemos ante nosotros un camino tan largo como prometedor, y de forma especial para las cuencas”, ha asegurado el presidente, quien ha calificado al Principado como “ejemplo internacional de buenas prácticas en esta materia”.

A continuación reproducimos el discurso íntegro del presidente:

 

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, ADRIÁN BARBÓN

Presentación libro Tracks Memory. Memoria industrial y paisaje cultural, de Miguel Ángel Álvarez Areces

La memoria industrial no es un refugio para la nostalgia. Esa es una de las enseñanzas de la obra de Miguel Ángel (Álvarez Areces), el libro que hoy tengo el honor de presentar. Agradezco sinceramente su invitación y me atrevo a recomendarles que lo lean, que se detengan con parsimonia en sus páginas.

En ellas encontrarán imágenes bellísimas, muchas forjadas en hierro o acero, esa especie de lenguaje universal de la revolución industrial. No me atrevo a aconsejar ninguna –salvo, claro, las que hacen referencia a la cultura sidrera de Asturias, reconocida como patrimonio de la humanidad.

En todo caso, elijan la que elijan, descubrirán el rastro indeleble de la huella humana. Son paisajes fieramente humanos, que diría Blas de Otero, inconcebibles sin su moldeado. A ese respecto, Tracks Memory es un potente ejemplo de cartografía visual de 60 lugares distinguidos por la Unesco y distribuidos entre 30 países, un auténtico atlas mundial de patrimonio industrial.

La primera tentación será pensar en ruinas o vestigios, rastros de lo que fue y ya no es ni volverá a ser. Cierto, pero quedarnos ahí sería aplicar una visión muy limitada, porque cada patrimonio industrial define, modela una identidad.

Pensemos en nosotros mismos. Creo que aquí, en la cuenca, no hay nadie que pueda sentirse ajeno a la impronta de la minería. Recordemos que las casas nobiliarias labraban sus escudos en las fachadas, para que la ciudadanía reconociera su linaje. Salvando las distancias, en las cuencas los castilletes y las lámparas mineras son, entre otros símbolos,  los blasones que nos distinguen.

En estos pocos minutos ya hemos diferenciado tres planos.

Uno, el estético, el que primero entra por los ojos. 

Otro, la dimensión humana. No la dejemos pasar de largo porque la historia industrial siempre será incompleta si no toma en cuenta su mano artesana, la intervención proletaria.

El tercer plano es, como he dicho, la identidad. Por ejemplo, es imposible entender Asturias sin la cultura de la sidra. Es un ecosistema único que abarca desde las pomaradas hasta el escanciado, un lenguaje propio o los rituales de socialización vinculados al consumo de la sidra.

Pero nos queda al menos otro, muy relevante: entender que el patrimonio industrial también es parte de nuestro futuro, del futuro de Asturias.

Afirmarlo aquí, en este renacido pozu Sotón, tiene bastante sentido. Hace unos años, sería impensable que pudiera convertirse en un lugar de encuentro. Parecían condenadas al olvido, igual que tantas otras instalaciones mineras, siderúrgicas o fabriles de cualquier tipo.

Hoy sabemos que el amplio patrimonio industrial que acumula nuestra comunidad es una riqueza viva generadora de actividad y empleo. En algunos casos, se está reinventado para otros usos, como ocurre con los proyectos en marcha en los pozos Carrio, Santiago o San Jorge. En otros, como aquí mismo, en el Sotón, o en Samuño, o en Arnao, por no citar más muestras, por su valor cultural y su atractivo turístico.

Nos queda mucha tarea pendiente en este campo. Mi gobierno ha decidido dedicar 4,5 millones al desarrollo de la marca Asturias naturaleza minera destinada precisamente a este objetivo, a promocionar el turismo industrial. Esa apuesta, uno de los ejes estratégicos para el turismo impulsados esta legislatura, es más de lo que se ha hecho nunca, pero menos de lo que tendremos que seguir haciendo los próximos años. Tenemos ante nosotros un camino tan largo como prometedor, y de forma muy especial para las cuencas.

Un matiz importante: habrá que hacer mucho, pero habrá que seguir haciéndolo bien, como lo está haciendo Asturias, que es un ejemplo internacional de buenas prácticas. No es tan sencillo. Si por un lado hay que superar la melancolía, la idea romántica de la ruina, tampoco podemos perder de vista la importancia sentimental. Cuidar el patrimonio industrial exige mucho tiento. No se puede banalizar, reducir a un mero reclamo, como si fuese un parque temático construido en cartón piedra. Pensemos en conjugar la conservación con la participación social, la educación patrimonial, la innovación cultural y la creación de actividad. Sobre todo esto trata Tracks Memory, que condensa una reflexión sobre la relación entre memoria, territorio, paisaje y sociedad.

Por suerte, tenemos de quien fiarnos para seguir haciéndolo bien.

De la asociación Industria, Cultura y Naturaleza (Incuna), que en septiembre volverá a proyectar Asturias al mundo con sus vigesimoctavas jornadas de patrimonio industrial.

Del saber acumulado por la revista Ábaco, que este año cumple 40 años como espacio de reflexión crítica. Son ya cuatro décadas de una trayectoria excepcional.

Y, por supuesto, del conocimiento y la pasión de Miguel Ángel Álvarez Areces.

Esas dos huellas, el conocimiento y la pasión por el patrimonio industrial, son las que marcan el rastro, página a página, de este gran atlas que hoy presentamos, Tracks Memory. Memoria industrial y paisaje cultural.

Miguel Ángel, gracias por tu trabajo.

Documentación

Galería de imágenes

El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha intervenido hoy en la presentación del libro Memoria industrial y paisaje cultural, de Miguel Ángel Álvarez Areces. 

En la imagen, el presidente, Adrián Barbón, con el autor.

Galería de audios

Presidente Principado, Adrián Barbón: Libro Miguel Areces es cartografía visual
Patrimonio industrial modela identidad
Patrimonio elemento de futuro de Asturias y memoria que está viva
Marca Asturias Minera
Asturias ejemplo internacional de buenas prácticas