Adrián Barbón, en la entrega del premio Álvarez Margaride: a Pepín Corripio: “La Asturias que se reconoce en sí misma es la Asturias fuerte”
- El presidente del Principado destaca la perseverancia del galardonado, que le ha permitido alcanzar el éxito empresarial y humano

El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha destacado esta noche en Gijón/Xixón que “la Asturias que se reconoce en sí misma es la Asturias Fuerte, la que supera las adversidades y se atreve con nuevos desafíos”. El líder del Ejecutivo autonómico ha marcado ese objetivo durante la entrega del XV Premio Álvarez Margaride a la trayectoria empresarial a Pepín Corripio, que en palabras de Barbón ejemplifica la perseverancia, por lo que ha pedido a los asturianos “hacer el esfuerzo de valorarnos más, de creer en nuestras posibilidades”.
El presidente ha reconocido la trayectoria empresarial y humana de Corripio, cuyo galardón ha recogido su hijo Manuel, de quien ha destacado su perseverancia y su papel en España y la República Dominicana, país al que emigró siendo apenas un niño. “Ha logrado ser un buen ciudadano de su tierra, de Asturias, y ha logrado también ser un buen ciudadano del mundo. Estos títulos no los concede ninguna universidad”, subrayó. En este sentido, Barbón ha indicado que la emigración debe formar parte del futuro de la comunidad y que “la diáspora forma parte de la mejor Asturias, son agentes de nuestro crecimiento”.
*Contiene varios archivos de audio del presidente del Principado, Adrián Barbón.
A continuación reproducimos el texto íntegro del discurso del presidente:
Viernes, 19 de junio de 2026
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, ADRIÁN BARBÓN
Entrega XV Premio Álvarez Margaride a la trayectoria empresarial
Todo este acto se puede resumir con dos palabras amables y sencillas que nunca debe costar decir: enhorabuena y gracias.
Enhorabuena a Pepín Corripio por su merecida distinción y enhorabuena a los organizadores de esta nueva edición de los premios Álvarez Margaride por su acierto.
Los agradecimientos también son claros: gracias a todos ustedes por mantener viva esta iniciativa, gracias por invitarme a acompañarles y gracias, sobre todo, a Pepín Corripio por su ejemplo vital.
De eso voy a hablarles, precisamente, de su ejemplo. A menudo, uno anda hurgando entre palabras como quien rebusca en un baúl para dar con los términos exactos. Nuestro premiado sabe de lo que hablo porque también escoge con cuidado lo que dice. Con su permiso, voy a apropiarme de una de sus frases: “Más vale un minuto de ejemplo que una hora de consejos”.
Lo comparto. Lo que ocurre es que Pepín no nos ofrece un minuto, sino una vida entera; por fortuna, una larga vida. Entiendo que a ustedes, empresarios en su inmensa mayoría, les interese en especial su andadura económica, todos los pasos que ha ido dando a lo largo de los años para consolidar y agrandar el Grupo Corripio hasta convertirlo en el conglomerado actual con miles y miles de empleados, una auténtica marca de país.
Sin duda, es una trayectoria apasionante, digna de estudio. Pero a mí, como presidente del Principado me admira la relación del galardonado con su tierra. Pepín se fue muy pequeño, a los cuatro años, tan pronto como para que sus recuerdos de Asturias quedaran varados a este lado del océano. En la República Dominicana trabajó su éxito con constancia, golpe a golpe, con la perseverancia que le ha caracterizado siempre. Como él afirma, no hay pared que resista un martillazo diario.
Lo habitual es que el tiempo diluya la memoria y disuelva los lazos. Como el hombre deja atrás al niño, el exitoso empresario dominicano podría haber dejado atrás Arroes, las nieblas del cantábrico, las postales verdes y grises de su primera infancia, todo olvidado a su espalda. Sin embargo, ha sucedido al revés: con el paso de los años, Pepín ha fortalecido su vinculación con Asturias. Si su boda con Ana María en la santa cueva de Covadonga ya previno por dónde vendrían los tiros, la reciente creación de la Fundación Corripio Alonso, en 2024, certificó de forma definitiva su compromiso con Villaviciosa, Cabranes y Piñoña.
Por tercera vez, recurro a una cita del propio Pepín: “No se puede ser un buen ciudadano del mundo si no se es primero un buen ciudadano de su propio pueblo”. La pronunciaste en 2022, cuando recibiste, con todos los merecimientos, el título de hijo predilecto de Villaviciosa.
Lo has conseguido: has logrado ser un buen ciudadano de tu tierra, de Asturias, y has logrado también ser un buen ciudadano del mundo. Estos títulos no los concede ninguna universidad. No hay escuelas ni institutos que preparen esa graduación. Esas credenciales las otorga la vida, y tú has sabido ganártelas día a día.
Tu biografía también nos muestra que el triunfo no depende del azar. La suerte ayuda, pero un emporio empresarial no se edifica lanzando una moneda al aire. Exige trabajo continuo, resistencia a la adversidad, capacidad de aguante. Propongo que apliquemos el mismo patrón a Asturias. Pensemos cuántas veces esta comunidad ha sido capaz de reinventarse a lo largo de las últimas décadas. Las sucesivas reconversiones, que desfilaron como una legión implacable sobre nuestra industria; Los problemas en las comunicaciones, que dificultaban el dinamismo económico; el impacto de la Gran Recesión, que bloqueó el crecimiento durante años.
Y, sin embargo, pese a todas esas dificultades, Asturias está en pie. Este mediodía he tenido oportunidad de recordarlo en otro acto: la realidad es que Asturias crece. No volveré a repetir los números sobre la evolución del PIB, del empleo, el aumento de población, la creación de empresas o la mejora de las infraestructuras. Son datos oficiales y comprobables. La capacidad de aguante y resiliencia de Asturias está más que demostrada. Ahora nos toca seguir trabajando con el mismo tesón que tan bien define al grupo Corripio para que ese avance no se detenga, para que continúe a lo largo de toda la década del cambio. Está en nuestras manos, porque Asturias ya ha cogido velocidad de crucero.
Hagámoslo también como Pepín, robusteciendo nuestras raíces. Sabiendo que sentirse parte de esta comunidad, que identificarse con nuestra tierra, que proteger nuestra cultura también es un estímulo para ese desarrollo. La Asturias que se reconoce en sí misma es la Asturias fuerte, la que supera las adversidades y se atreve con nuevos desafíos. Hagamos el pequeño esfuerzo de valorarnos más, de creer en nuestras posibilidades.
Por cierto, la emigración también debe formar parte de ese impulso. Acabemos de una vez por todas con esa visión tan equivocada que considera que la diáspora es una parte amputada de esta comunidad. No, en absoluto, las miles de personas que están fuera forman parte de la mejor Asturias, son agentes de nuestro crecimiento. Tenemos que preocuparnos de cuidarlas, de darles facilidades para regresar, de ayudarlas todo lo posible, pero también debemos tomar en cuenta su potente contribución a la actividad económica y empresarial en todo el mundo.
En fin, Pepín Corripio representa una manera de entender la vida que conviene reivindicar: la del esfuerzo sin estridencias, la ambición sin arrogancia y el éxito entendido como responsabilidad. Su historia habla de triunfo empresarial, sí, pero también de memoria y gratitud. Por eso su trayectoria tiene el valor moral de una enseñanza: la de quienes, después de haber llegado lejos, saben perfectamente de dónde salieron y sienten la obligación de devolver parte de lo recibido a la tierra que los vio nacer.
Pepín, este premio te reconoce como lo que eres, un gran ejemplo vital. No encuentro mejores palabras que las que pronunciar al empezar: gracias y enhorabuena.









