null Adrián Barbón: “No dejemos que los malos modos, los insultos y las descalificaciones emponzoñen la política asturiana”
  • El presidente del Principado apela a “la agilidad, el ingenio y los argumentos” y se opone a la crispación en la esfera pública durante su intervención en la clausura de la Liga de debate escolar

12 de junio de 2026

El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha insistido en que “los malos modos, los insultos y las descalificaciones” no deberían “emponzoñar la política asturiana”. Así se lo ha trasladado a los alumnos de ocho centros de secundaria que han participado en la final de la Liga de debate escolar, celebrada esta mañana en la Junta General.

El jefe del Ejecutivo asturiano ha apelado a “la agilidad, el ingenio y los argumentos” frente al clima de crispación que cada día es más habitual “en la política de la M-30”, en referencia al Congreso y el Senado. En este sentido, Barbón ha asegurado que “nunca insulto, nunca respondo a la descalificación con la descalificación. Debatiré mejor o peor, pero nunca contribuiré a que la crispación tóxica se apodere de la conversación política en Asturias”.

El presidente ha incidido en la importancia de la palabra, “una de las herramientas más poderosas del ser humano”, y ha compartido con los jóvenes una reflexión sobre las redes sociales, donde también es frecuente esta tensión: “El reto que nos desafía a toda la sociedad es saber hacer un buen uso de la tecnología, un uso ético que jamás pierda de vista nuestra dimensión humana”.

En el acto, el presidente ha entregado los dos primeros premios de la séptima edición: al IES Virgen de Covadonga de L’Entregu, en la categoría de primer ciclo, y al Colegio de Fomento Los Robles-Peñamayor, como vencedor del segundo ciclo.

 

*Contiene varios archivos de audio del presidente del Principado, Adrián Barbón

**A continuación, se reproduce la intervención del presidente en el acto.

 

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, ADRIÁN BARBÓN

 

Clausura VII Liga de debate escolar

La palabra es una de las herramientas más poderosas del ser humano. Las palabras han construido civilizaciones y arrasado países enteros. Con la palabra reforzamos la familia, la amistad, incluso podemos amar. Con la palabra también insultamos, señalamos al enemigo, declaramos la guerra.

Por eso es tan importante cuidar las palabras, aprender a manejarlas. Tengo a mano una cita reciente del Papa León XIV, a quien escuché esta misma semana en el Congreso: “Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos, pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro.”

Y añadió un aviso: “Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje. La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación”.

Vosotros también sois conscientes de ese poder. Gracias al buen uso de las palabras habéis llegado hasta esta final de la séptima Liga de debate escolar, una iniciativa digna de reconocimiento.

Si tuviese menos edad, estoy seguro de que habría intentado competir en esta liga. A mí siempre me han gustado los debates, desde niño. Soy un entusiasta, casi un friki de los debates parlamentarios.

Preciso, de los buenos debates.

En los buenos debates hay agilidad, ingenio, argumentos.

En los buenos debates no hay insultos, no se dan voces, no se sustituyen las razones por la demagogia ni la descalificación del adversario. Eso es otra cosa. Eso puede servir para el espectáculo, para una tertulia televisiva, pero no lo confundamos con un debate.  

A estas alturas, seguro que sabéis en qué consiste una pregunta retórica. Os planteo una: ¿creéis que la política nacional, la que se cuece a alta temperatura en el Congreso y el Senado, sirve de ejemplo de buenos debates?

No, la respuesta es que no.

Y no porque sus protagonistas no manejen bien el lenguaje, les falle el ingenio o carezcan de argumentos. La política que se hace en Madrid, la política M-30, es un mal ejemplo porque siempre va revolucionada, sobrecargada de tensión, crispada de descalificaciones.

Por eso yo reivindico el refugio asturiano. Ahora, con el cambio climático, Asturias es cada vez más apreciada como destino turístico, un lugar a salvo de las grandes olas de calor. Pues lo mismo digo de la política. No dejemos que los malos modos, los insultos y las descalificaciones emponzoñen la política asturiana.

Una sociedad crispada funciona mal. Sólo sabe utilizar las palabras para dividir, se olvida de que es mucho mejor emplearlas para tender puentes y conseguir objetivos comunes.

Yo asumo esa responsabilidad en primera persona. Por eso nunca insulto, nunca respondo a la descalificación con la descalificación. Debatiré mejor o peor, pero nunca contribuiré a que la crispación tóxica se apodere de la conversación política en Asturias.

No insulto en el parlamento ni en las redes sociales, donde parece que es casi una obligación. Habréis escuchado muchas disquisiciones sobre esta cuestión. Para mí, la disyuntiva no es redes sociales, sí; redes sociales, no.

La historia no tiene marcha atrás. Negar las redes sociales es como negar la inteligencia artificial: un absurdo, un imposible. El reto que nos desafía a toda la sociedad es saber hacer un buen uso de la tecnología, un uso ético que jamás pierda de vista nuestra dimensión humana (→encíclica Magnifica humanitas, primera de León XIV).

Me atrevo a daros un consejo: mantened en las redes las mismas exigencias que en un debate: buenos argumentos, respeto a quien discrepa, renuncia a la descalificación, tolerancia cero con los insultos. Abandonad de inmediato cualquier foro tóxico. Ganaréis en sosiego y salud.

Aprender a debatir es aprender a convencer. Vosotros habéis demostrado que sabéis convencer con argumentos, con ingenio, con el buen uso de la palabra.

No sé si, pasados los años, alguno de vosotros o vosotras ocupará un escaño en esta Junta General o en cualquier parlamento. Sospecho que si os gustan los debates también os gustará la política. Pero no adelantemos acontecimientos. Sólo os pido que, sea cual sea vuestro itinerario vital, ese largo y prometedor camino que os aguarda, nunca olvidéis las reglas de un buen debate. Recordad que la firmeza no exige desprecio y que la discrepancia no conlleva humillación.

Enhorabuena y muchas gracias.

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La importancia de la palabra
No todos los debates merecen la pena
No dejemos que la crispación llegue a la política asturiana
La clave de las nuevas tecnologías es hacer un buen uso de ellas