null Intervención del Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón
05 de noviembre de 2019
- Inauguración del VI Congreso de la Red Española de Mujeres en el Sector Pesquero

Existen muchos indicadores para evaluar el avance de una sociedad: producto interior bruto, renta per cápita, salario mínimo, números y porcentajes de ese estilo. Todos son importantes, pero yo sostengo que no podemos –ni debemos- hablar de sociedades desarrolladas sin igualdad efectiva entre hombres y mujeres.

Ustedes han decidido que su sexto congreso nacional, el que hoy inauguramos, se titule precisamente “Por la igualdad en la pesca”. Se lo agradezco. Les doy las gracias por haber elegido Gijón para celebrar estas jornadas, les doy las gracias por haberme ofrecido intervenir y, sobre todo, les agradezco que contribuyan al avance de Asturias con esta apuesta por la igualdad.

Somos una región pequeña. Aunque nuestra flota tiene un peso relativo menor que el de otras comunidades, incluso en la cornisa, Asturias no se entiende sin su tradición pesquera. La mar y la pesca están incrustadas en nuestro ser y, de hecho, algunas de las estampas turísticas que mejor identifican esta tierra corresponden a sus villas marineras. Pero, sobre todo, el Principado no se entiende sin la igualdad y nos sentimos orgullosos por ello. Mi gobierno pretende que la igualdad sea una seña distintiva de Asturias.

Para hablarles sobre esa voluntad necesito irme unos instantes tierra adentro. Me voy hasta donde nací y resido, en la cuenca del Nalón, una comarca industrial forjada sobre la explotación del carbón. En cuatro capítulos les resumo un relato sobre la conquista de la igualdad que viví muy de cerca.

  • El primero: hace unas décadas, se daba por supuesto que las minas eran “cosa de hombres”, como rezaba un viejo anuncio de coñac.
  • Segundo capítulo: mediada la década de los 80, hace menos de 40 años, entraron las primeras mujeres en la empresa pública Hunosa.
  • Tercer capítulo: aquellas pioneras no podían bajar al pozo. Tuvieron que esperar hasta diciembre de 1992, cuando el Tribunal Constitucional les reconoció el derecho a laborar en el interior en las mismas condiciones que los hombres. Sí, aunque parezca mentira, tuvieron que litigar para bajar a la mina. Por fin, pudieron hacerlo en enero de 1996.
  • Cuarto y último capítulo: desde el año pasado, el Centro de Experiencias y Memoria de la Minería del pozo Sotón dedica una sala a reconocer el trabajo “duro y silenciado” de la mujer en la minería. Porque, pese a que todo lo anterior aparente negarlo, las mujeres ya habían trabajado en las minas desde al menos el siglo XIX.

Fíjense en las etapas. La primera, la negación. La segunda, la aceptación parcial, casi a regañadientes. La tercera, la plena igualdad. Y la última, el reconocimiento; es decir, aceptar que la mujer siempre había estado ahí.

Dejo la mina para volver a echarme al mar. Les pregunto si ese relato les suena próximo. Porque en la pesca siempre han trabajado mujeres: las mariscadoras, las rederas, las conserveras, las armadoras, las empleadas en la acuicultura, las gestoras administrativas, las biólogas e investigadoras en recursos pesqueros y desarrollos tecnológicos… La hegemonía de las mujeres en algunas de esas tareas es indiscutible. Si esta realidad femenina es apabullante, ¿por qué no las vemos? ¿Por qué apenas se valora la dureza del trabajo a la intemperie de las rederas, aún necesitado de reconocimientos laborales? O, dándole otra vuelta a las preguntas, ¿por qué seguimos dando por bueno que la pesca es un oficio exclusivamente masculino?

Tenemos un problema serio de percepción. El discurso feminista ha evolucionado mucho, hasta alcanzar una elevada diversidad y complejidad teórica, pero la realidad, no. Discurso y realidad comparten el mismo tiempo, pero se cruzan y combinan mucho menos de lo que se puede creer. No caigamos en el error de pensar que la igualdad es una prueba superada, que el machismo es un vestigio o que el pensamiento patriarcal, que es la horma en la que hemos crecido, ya se ha diluido. (A este propósito, un apunte sobre la actualidad. Este es un acto institucional que se celebra durante una campaña y no procede contaminarlo con añadidos partidistas. Con toda prudencia, me limito a una recomendación: comparemos y contrastemos las palabras y las propuestas de cada fuerza, porque algunas, nostálgicas del machismo cerril, hacen apología electoral de la desigualdad. Tengámoslo en cuenta porque nunca podremos protestar que nos engañaron).

Retomo el hilo de la intervención. Hablé de la horma porque ahí radica gran parte del desafío que plantea este congreso. La entrada de las mujeres en las minas provocó una cierta conmoción social en las cuencas, y no tanto porque se cuestionase su derecho a la igualdad, que pocos se atrevían a discutir, al menos en público, como porque se situaban fuera del marco, porque nos obligaban a romper el molde, a asumir que teníamos una interpretación parcial de la realidad, que nuestra lógica no era la lógica natural de las cosas, sino la lógica del patriarcado que habíamos aprendido e interiorizado. Con las mujeres que faenan en los barcos, sean pescadoras, pilotas o patronas, sucede otro tanto. La mayor dificultad no está en el debate sobre el derecho, sino en entender que hay que quebrar el marco mental que nos impide reconocerlas en ese rol.

Por eso la igualdad práctica es más difícil de lo que aparenta. Porque no va sólo de reconocer un esquema teórico de derechos, sino de soltar amarras para ejercerlos realmente. Pongo otro ejemplo de los problemas que se plantean. Cuando las mujeres reivindican su papel en la pesca asoma a superficie el verbo conciliar, otro que sólo se conjuga en el mundo desarrollado. ¿Por qué se asocia la conciliación a una demanda femenina? Porque la realidad otorga esa responsabilidad a las mujeres.

De todas estas cuestiones hablarán ustedes con detalle en estas jornadas. Les doy la bienvenida y les aseguro que el Gobierno de Asturias comparte con ustedes el mismo objetivo: que no haya un solo espacio vedado a la igualdad ni puertas adentro de las viviendas, ni en el interior de las minas ni en la cubierta de un barco. Ustedes, con estas jornadas, no sólo nos animarán a aprender y cambiar nuestra mirada sobre el mundo pesquero, nos ayudarán a construir una Asturias más igualitaria, que siempre será una Asturias mejor y más avanzada. Han elegido buen norte para una buena singladura.

Documentación