El presidente reivindica en León a la reina Urraca I: "Tuvo el valor de defender sus derechos en un mundo dominado por y para los hombres"
- "Saber la historia propia ha contribuido a fortalecer el orgullo de identidad, algo que en Asturias ha sido muy necesario", destaca el presidente en la inauguración de la exposición dedicada a la soberana

El presidente del Principado ha reivindicado hoy la figura de la reina Urraca I de León, "una mujer a la que llamaron la Temeraria por tener el valor de defender sus derechos en un mundo dominado por y para los hombres". Adrián Barbón, que esta mañana ha participado en la inauguración de la muestra dedicada a la soberana en la capital leonesa, ha subrayado la capacidad de la reina para mantener la unidad territorial de su amplios dominios y su firmeza para defender su legitimidad en un "opresivo mundo medieval". "No podemos menos que pensar que haber fallecido un 8 de marzo fue un ejercicio anticipado de justicia poética", ha añadido.
Según ha indicado, la muestra "alza los cortinajes, pesados y polvorientos cortinajes patriarcales y también los pesados y polvorientos cortinajes centralistas”, para mostrar partes de la historia “olvidadas o, más bien, silenciadas”. "Me siento reconfortado con esta exposición como presidente de Asturias, como feminista, como amante de la historia y hasta como súbdito de la gran reina Urraca”, ha asegurado.
El jefe del Ejecutivo se ha referido en su discurso a la historia compartida entre el Principado y León. En este sentido, ha recordado que fue Alfonso III, rey de Asturias, quien dio origen al reino de León como entidad diferenciada, y ha defendido que ambos territorios comparten “un tronco común sin el que es imposible entender la construcción de España ni la historia de su monarquía”.
Tras elogiar el contenido de la muestra y el valor de la colección, ha asegurado que “saber la historia propia ha contribuido a fortalecer el orgullo de identidad, algo que en Asturias ha sido muy necesario”.
También ha explicado que desde su llegada a la Presidencia ha tratado de difundir la historia de Asturias, “bastante desconocida con la excepción de un par de tópicos”, razón por la que se celebra desde hace varios años el Día de la Bandera, que rememora el levantamiento del 25 de mayo de 1808 frente a las tropas napoleónicas. A su juicio, el conocimiento histórico resulta clave "como elemento de autoestima colectiva".
A continuación, se recoge la intervención íntegra del presidente del Principado, Adrián Barbón:
Interveción del Presidente del Principado, Adrián Barbón
Inauguración de la exposición Reina Ella. Urraca I de León (1109-1126)
Gracias por haberme invitado a participar en la inauguración de esta exposición. Acudo encantado como presidente del Principado, como feminista, como apasionado de la historia y, si me toleran la broma, como súbdito, porque Urraca también fue reina de Asturias.
Una precisión de inicio: hablamos de Urraca de León, no de su tía, la tantas veces citada en la historia como Urraca de Zamora.
Empiezo con dos cautelas.
La primera, que la historia no se escribe sola. Siempre hay alguien que elige unos hechos, unas fechas, una narración y una interpretación. Lo mismo vale para un algoritmo, no vayamos a pensar que la archipresente inteligencia artificial está libre de sesgos.
La segunda es casi una plegaria: del presentismo, líbranos señor. Siempre es tentador revisar y evaluar el pasado con la mirada y los valores de nuestros días. Para ser sincero, pienso que es casi inevitable, pero al menos hagamos un esfuerzo de contención.
Con esas dos precauciones por delante, déjenme elogiar esta exposición. Sobra el valor de la colección artística para justificarla. A propósito, una colección bien elegida, porque Urraca también fue mecenas del arte y la cultura. Vaya de mano mi invitación a cualquier persona de León o Asturias interesada en la historia y el arte para que no deje pasar de largo esta oportunidad.
Tengo más razones para la alabanza. Desde que tengo el honor de presidir el Gobierno de Asturias no he perdido la ocasión de reivindicar la historia de mi comunidad. El motivo es muy sencillo: porque, con la excepción de un par de tópicos, es bastante desconocida. Y, también, porque saber la historia propia contribuye a fortalecer el orgullo de identidad, algo que en Asturias es muy necesario. Por eso todos los años celebramos el Día de la Bandera para recordar los sucesos del 25 de mayo de 1808, cuando la Junta General se levantó contra las tropas de Napoleón.
Quizá a León le ocurra otro tanto. Que su pasado ha quedado oculto o, cuando menos, oscurecido, por los relatos hegemónicos sobre la historia de España fundados en el protagonismo centralista y centralizador, dicho sea sin muchos matices. Como no tengo veleidades nacionalistas, me atrevo a afirmarlo. En la medida que esta exposición ayude a redescubrir la vigorosa historia del reino de León, bienvenida sea.
Una historia común con Asturias, por cierto. Porque fue un rey asturiano, Alfonso III, el que acabaría dando lugar al reino de León como entidad diferenciada. Pero vamos a ahorrarnos ese periplo, con la división de sus dominios entre sus hijos y los acontecimientos posteriores, para centrarnos en lo que hoy quiero subrayar: el tronco común de un reino sin el que es imposible entender la construcción de España ni la historia de su monarquía. Asturias y León estamos unidas desde hace siglos, incluso antes del asentamiento del águila romana, y, permitan la broma, por mucho más que por el rechazo al peaje del Huerna.
De hecho, sobre la base del rigor histórico, podemos señalar que el Reino de León fue la continuación histórica del vetusto reino de Asturias.
Por lo tanto, la exposición sobre Urraca rescata la historia de un reino. En el análisis del pasado, los condicionales no tienen sentido. Es absurdo plantearse qué hubiera ocurrido si Urraca hubiera tenido un carácter más flojo, si hubiera cedido a las ambiciones de los hombres que la rodeaban. Lo que sí sabemos con certeza es que Urraca, totius Hispaniae regina, reina de toda España, logró mantener la unidad territorial de su amplio reino, y ese fue un factor decisivo en el devenir de la monarquía y de las luchas contra los musulmanes.
La muestra también rescata a la propia reina. Puntualizo: reina, no reina consorte, que era lo habitual. Por supuesto, estoy convencido de que ella no era feminista; al menos, no como lo entendemos hoy en día. Pero si recordamos cómo defendió su legitimidad, cómo tuvo que enfrentarse a su padre, a su esposo e incluso a su propio hijo; cómo eligió a sus amantes en aquel opresivo mundo medieval, no podemos menos que pensar que haber fallecido un 8 de marzo fue un ejercicio anticipado de justicia poética.
Esta muestra tiene ese valor: desvela el lado oculto. Alza los cortinajes, pesados y polvorientos cortinajes patriarcales y también los pesados y polvorientos cortinajes centralistas, para enseñarnos esas partes olvidadas -o mejor dicho, silenciadas- de la historia. La historia de un reino germinal en la edificación de España y la historia de una mujer a la que llamaron la Temeraria por tener el valor de defender sus derechos en un mundo dominado por y para los hombres, y a la que, en justicia, deberíamos de llamar Urraca La Grande.
Me siento reconfortado con esta exposición. Ya lo he dicho: reconfortado como presidente de Asturias, reconfortado como feminista, como amante de la historia y hasta como súbdito de la gran reina Urraca. Por cierto, que también hubo otra Urraca indómita, Urraca la asturiana, pero eso queda para otro día.








