null Barbón destaca la labor del cardenal Ángel Artime al entregarle el título de Hijo Predilecto: “Lleva el nombre de Asturias consigo sin olvidarse jamás de su origen”
  • “Con este acto, Ángel demuestra con hechos que sabe bien dónde están los suyos y que cuenta con un amarre firme, a salvo de vanidades y otras tormentas”, valora Adrián Barbón
14 de octubre de 2024

El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha entregado hoy en Lluanco/Luanco el título de Hijo Predilecto de Asturias al cardenal Ángel Artime, rector mayor de la congregación salesiana, en un acto cuya localización y formato han sido acordados con el homenajeado. “Con este acto, Ángel demuestra con hechos que no olvida su origen, que sabe bien dónde están los suyos y que cuenta con un amarre firme, a salvo de vanidades y otras tormentas”, ha valorado.

Durante su intervención, el jefe del Ejecutivo también ha incidido en el privilegio que supone “reconocer a quienes contribuyen a hacer una Asturias y una sociedad mejor, a quienes prestigian el nombre del Principado allí donde quiera que vayan”, entre los que ha destacado a Fernández Artime, séptimo cardenal asturiano de la historia, quien no pudo recoger la distinción el Día de Asturias, por compromisos previos.

En esta jornada, “una prolongación del 8 de septiembre”, Barbón ha instado “a recuperar lo que nos une, a la comprensión mutua y el entendimiento”. “Pienso que pocas cosas podrán unirnos más que el reconocimiento a quienes nos hacen mejores con su labor. A esas personas que, como el cardenal Ángel Fernández Artime, siempre llevan el nombre de Asturias consigo, sin olvidarse jamás de su origen, de su buen puerto de amarre”, ha indicado.

El título de hijo predilecto de Asturias está reservado para aquellas personas que, nacidas en el Principado, “hayan destacado por sus méritos relevantes, especialmente por sus servicios en favor de la comunidad autónoma, y gocen de alto prestigio y consideración general”, según determina la Ley reguladora de los Honores y Distinciones. El Consejo de Gobierno acordó el 7 de junio conceder este reconocimiento a Fernández Artime “por su importante labor sociocultural y servicios en beneficio de la comunidad”.

Ángel Fernández Artime (Gozón, 1960) es licenciado en Filosofía, Pedagogía y Teología Pastoral. Desde 2014 es el rector mayor de la congregación salesiana y el 30 de septiembre de 2023 fue nombrado cardenal por el papa Francisco. Forma parte del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica de la curia romana desde octubre de 2024. Entre otros cargos, ha sido director del colegio de la congregación en Ourense y superior de la Inspectoría Argentina Sur de los salesianos, en Buenos Aires.


A continuación, se reproduce íntegramente la intervención del presidente.

 

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, ADRIÁN BARBÓN

 

Acto de entrega del título de Hijo Predilecto de Asturias al cardenal Ángel Fernández Artime

 

El desempeño de la presidencia del Principado es un honor. Es cierto que exige entrega, ánimo y que no lleva cuenta de las horas ni de los días, pero también ofrece enormes satisfacciones. Una de las principales es el privilegio de reconocer a quienes contribuyen a hacer una Asturias y una sociedad mejor, a quienes prestigian el nombre del Principado allí donde quiera que vayan. Ese es el caso del cardenal Ángel Fernández Artime, Hijo Predilecto de Asturias. Enhorabuena y gracias, las dos palabras al tiempo.

El título de hijo predilecto está reservado por ley a las personas que, nacidas en Asturias, reúnen unos determinados méritos. Basta una ojeada a la biografía de Ángel, el Cardenal Fernández Artime, para reconocerlos. Es relativamente sencillo seguir los pasos del niño que dejó atrás Luanco, la familia y la mar para estudiar en un colegio salesiano, resolvió ordenarse, colaboró con el arzobispo Jorge María Bergoglio en Buenos Aires, llegó a convertirse en el décimo sucesor de Don Bosco  y desde septiembre de 2023 es el séptimo cardenal asturiano de la historia. La relevancia de sus sucesivas responsabilidades, como haber sido rector mayor de la congregación salesiana, justificaría sobradamente el reconocimiento, sin necesidad de haber recibido la dignidad del capelo.

Insistir en la importancia de cada cargo y cada etapa podría resultar cansino, y más para quienes lo conocen y saben de su trayectoria, como sois la mayoría de los presentes. Propongo que aprovechemos estos minutos para reparar en otras cuestiones. En los detalles de este acto, por ejemplo. El 8 de septiembre, el cardenal no pudo asistir al acto institucional del Día de Asturias porque tenía compromisos previos. Esta celebración viene a compensar aquella laguna.

Pues bien, él ha decidido citarnos aquí, en Lluanco/Luanco, el pueblo en el que nació. Podía haber escogido otro lugar. Quizá un hotel céntrico de Oviedo o un importante palacio de congresos, donde son más habituales este tipo de acontecimientos y hasta las maderas nobles están impregnadas de pompa y ceremonia. Un acto plagado de autoridades de todos los ámbitos y representantes de los sectores económicos y sociales más importantes de Asturias. Él, sin embargo, eligió su familia y su pueblo, prefirió estar entre los suyos. Digamos que el descendiente de varias generaciones de familias pescadoras encuentra en Lluanco/Luanco su buen puerto, su puerto de infancia, su puerto seguro.

En la propia estructura del acto late también una vocación de sencillez y cercanía. Lo agradezco. Todas las personas que tenemos alguna responsabilidad pública, sea a la escala que sea, deberíamos empeñarnos en esos objetivos. Con frecuencia, el ejercicio de un alto cargo impone una soberbia innecesaria que sólo sirve para alejarnos de los demás; para alejarnos, precisamente de las personas a las que debemos servir. Y, también a menudo, corremos el riesgo de que el orgullo nos hinche y nos ofusque. A todos esos efectos es aconsejable disponer de una toma de tierra que nos enfrente a la realidad y nos reconcilie con la humildad.

Siempre se aconseja predicar con el ejemplo. Creo que con este acto el Cardenal Fernández Artime demuestra con los hechos que no olvida su origen, que sabe bien dónde están los suyos y que cuenta con un amarre firme, a salvo de vanidades y otras tormentas.

Recordaba antes que este acto cubre la entrega de una distinción pendiente que no pudimos realizar el Día de Asturias. Cada 8 de septiembre apelo al diálogo, al entendimiento, y hoy, que no deja de ser una prolongación de esa jornada, vuelvo a hacerlo. Parto de varias convicciones:

Una, que nadie es dueño de la razón absoluta.

Otra, que el diálogo, en sí mismo, frena las tentaciones extremistas. Don Bosco distinguía entre la educación represiva, basada en el castigo, y el sistema preventivo, que concede un valor especial a la palabra. Para mí, el diálogo también tiene un valor preventivo, es una vacuna contra la crispación.

La tercera, el consenso fortalece Asturias. A nuestra tierra, una comunidad pequeña, inmersa en una transformación acelerada, le sientan bien los acuerdos.

Tengo, por último, otra certeza. Hay determinados asuntos que apelan directamente a la condición humana, que no se pueden contener en los límites de una siglas, de una ideología o de la fe. La humanidad es incompatible, debe serlo, con la indiferencia ante el hambre, la enfermedad, las tragedias de las migraciones o la guerra.

Voy a leer unas palabras indignadas. Dicen así:

"Hace un año se encendió la mecha del odio; no se extinguió, sino que estalló en una espiral de violencia, en la vergonzosa incapacidad de la comunidad internacional y de los países más poderosos para silenciar las armas y poner fin a la tragedia de la guerra (…) La sangre corre, como lágrimas; aumenta la ira y el deseo de venganza, mientras parece que pocos se interesan por lo que más se necesita y lo que la gente quiere: el diálogo, la paz”.

Esas palabras forman parte de la Carta a los católicos de oriente próximo, difundida por el papa Francisco, el siete de octubre. No hace falta ser católico, ni cristiano siquiera, para compartir esa indignación ni el horror ante el espanto de la guerra.

En efecto, es mucho lo que compartimos. A veces, por desgracia, convertimos cada pequeña diferencia en una gran excusa para alejarnos, para distanciarnos. Entonces no hay diálogo, únicamente soliloquios por parte y parte.  Para mí, nuestras celebraciones como pueblo deben ser jornadas dedicadas a recuperar lo que nos une, a la comprensión mutua y el entendimiento. A privilegiar el afecto y el respeto sincero a los demás sobre todas las cosas.

Pienso, además, que pocas cosas podrán unirnos más que el reconocimiento a quienes nos hacen mejores con su labor. A esas personas que, como el cardenal Ángel Fernández Artime, siempre llevan el nombre de Asturias consigo, sin olvidarse jamás de su origen, de su buen puerto de amarre, del lugar donde se calzó las primeras sandalias de pescador.

*Con audios del presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón.

Documentación

Galería de imágenes

El cardenal Ángel Fernández; el presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, y el alcalde de Gozón, Jorge Fernández.
El presidente del Principado, Adrián Barbón, entrega el título de Hijo Predilecto de Asturias al cardenal gozoniego Ángel Fernández Artime, en el Museo Marítimo de Asturias en Lluanco, Luanco.

Galería de audios

Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, sobre privilegio de reconocer a quienes prestigian Asturias
Título de ijo predilecto para el cardenal Ángel Fernández Artime
Celebración del acto en Luanco, localidad natal del cardenal
Sencillez y cercanía del hijo predilecto
Defensa del diálogo y el acuerdo
Defensa de la paz
Privilegiar el afecto y respeto sincero