El presidente reitera su voluntad de ahondar en el autogobierno mediante la reforma del Estatuto y la coordinación de todo el transporte público, “incluidas las cercanías ferroviarias”
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Adrián Barbón ha intervenido en el acto conmemorativo del 40º aniversario de la rehabilitación de la sede de Presidencia

El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha reiterado hoy su voluntad de ahondar en el autogobierno: “No sorprendo a nadie si afirmo que estoy decidido a seguir caminando pasos en el mismo sentido, tanto mediante la reforma del Estatuto como sacando más partido a las posibilidades que nos ofrece el texto actual”. En ese sentido, se ha mostrado dispuesto a avanzar también en la coordinación de todo el transporte público, “incluidas las cercanías ferroviarias”.
Barbón se ha pronunciado en estos términos durante el acto conmemorativo del 40º aniversario de la reforma de la sede de Presidencia, en el que han participado también el presidente Pedro de Silva y los arquitectos responsables del proyecto, Fernando Nanclares y Nieves Ruiz.
En su discurso, el jefe del Ejecutivo ha subrayado que la andadura autonómica es uno de los períodos más fructíferos de la historia reciente, “las décadas en las que el estado de bienestar, las comunicaciones o la modernización económica han alcanzado sus cotas más altas”. Entre los principales hitos de este período ha citado las redes sanitarias y educativas, así como el acierto de la tarjeta CONECTA como gran apuesta por la movilidad sostenible.
“Este edificio, que alberga tantas obras de arte, también está amueblado con nuestra historia reciente, y por eso tiene sentido celebrar su 40º aniversario. Los retratos de los ocho presidentes que me han precedido muestran los jalones de este pasado compartido, el que nos une en el desarrollo autonómico”, ha subrayado, para recordar que la sede de Presidencia es también la casa de todos los asturianos y las asturianas.
A continuación reproducimos la intervención íntegra:
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, ADRIÁN BARBÓN
Acto conmemorativo del 40º aniversario de la reforma de la sede de Presidencia
Bienvenidos. Empiezo con las palabras que se esperan de cualquier anfitrión: pasad, poneos cómodos, sentíos en vuestra propia casa.
Algunos os preguntaréis a qué viene esta conmemoración. Puede resultaros chocante que celebremos el aniversario de un edificio. A fin de cuentas, qué más da que una pared o un pasillo sumen un año más o menos.
Obviamente, discrepo. Desde que asumí la presidencia del Principado, he procurado aprovechar las oportunidades para difundir nuestra historia. Quizá sea un ingenuo, pero entiendo que el conocimiento es un requisito necesario para el aprecio y la valoración. Pongo por muestra el Día de la bandera, que celebramos cada 25 de mayo. Si con ello hemos conseguido rescatar esa fecha del olvido, que toda Asturias se reconozca en la efeméride de la declaración de soberanía de la Junta General frente a las tropas napoleónicas, me doy por satisfecho.
Es verdad que la andadura autonómica no exhala tanta épica. Aunque también hubo discursos exaltados, no está envuelta en aromas de leyenda, estandartes y fusiles, voces del pueblo en armas con apelaciones a la Asturias nunca vencida. Pero si coincidimos en que es uno de los períodos más fructíferos de nuestra historia reciente, las décadas en las que el Estado de bienestar, las comunicaciones o la modernización económica han alcanzado sus cotas más altas, conmemorar sus hitos sobresalientes tiene todo el sentido. A propósito, en diciembre se cumplirán 45 años de la aprobación del Estatuto por las Cortes Generales. Ya os adelanto que el gobierno lo recordará como se merece.
Así que este sencillo acto también es una reivindicación. Hablamos de la reforma arquitectónica dirigida por Fernando Nanclares y Nieves Ruiz, pero también del inicio de una época, como ha rememorado Pedro de Silva, el primer presidente que gobernó Asturias desde las estancias de este palacio.
De una época muy provechosa, reitero. Nunca subrayaremos lo suficiente que nuestras redes sanitarias y educativas, de las que debemos sentirnos razonablemente orgullosos, serían impensables sin el autogobierno. Hasta podemos poner en duda que la variante ferroviaria de Pajares fuese una realidad si la comunidad autónoma no existiese. No sorprendo a nadie si afirmo que estoy decidido a seguir caminando pasos en el mismo sentido, tanto mediante la reforma del Estatuto como sacando más partido a las posibilidades que nos ofrece el texto actual. El éxito y el acierto de Conecta, nuestra gran apuesta por la movilidad sostenible, son un acicate para avanzar en la coordinación de todo el transporte público, incluidas las cercanías ferroviarias.
Vuelvo a casa, a esta casa. Recuerdo los rasgos con los que ya la definí en alguna ocasión:
Discreta, sin ostentaciones presuntuosas ni en su fachada ni en su interior.
Austera, con la vocación funcional propia de un lugar de trabajo.
Ligada a la Junta General, como corresponde a una democracia parlamentaria. No sólo cercana, sino conectada con la Cámara, como de hecho lo está por esa especie de cordón umbilical que es el pasadizo subterráneo entre ambas instituciones.
Cercana, asomada al exterior. Quien trabaje o gobierne aquí, y gobernar no es más que un trabajo especialmente honorable, está obligado a renunciar al ensimismamiento, porque siempre sentirá el latir de la calle, jamás podrá permanecer ajeno.
Existe un dicho que siempre me ha hecho gracia. Es ese que nos recomienda discreción porque las paredes oyen. No, lo malo no es que oigan, es que cuenten lo que escuchen. Sin embargo, esta tarde me gustaría que este palacio de presidencia hiciese escombros sus muros de silencio y nos contase tantas y tantas cosas que habrá visto durante estos 40 años.
Quizá el primer consejo de gobierno celebrado entre sus paredes, allá en 1986. Por qué no los debates acerca de impulsar o no el desarrollo del turismo rural en Asturias, cuando apenas un puñado de personas creían en esa iniciativa. O los tirones que seguro hubo antes de formar el primer gobierno de coalición.
¿No sería interesante conocer, también, cómo se afrontaron los embates más duros de la reconversión industrial? O las sucesivas ampliaciones de competencias, en materias tan cruciales como la educación o la sanidad. O cómo se planificó el anuncio de inversiones decisivas o, por qué no, cómo se gestaron la crisis de gobierno.
Estoy echando mano de un recurso retórico: pretendo subrayar que este edificio, que alberga tantas obras de arte, también está amueblado con nuestra historia reciente, y por eso tiene sentido celebrar su 40º aniversario. Los retratos de los ocho presidentes que me han precedido muestran los jalones de este pasado compartido, el que nos une en el desarrollo autonómico. Permitid que hoy cite a quienes han fallecido: a Rafael Fernández, Sergio Marqués, Tini Areces y Antonio Trevín. Desde hace unos años, varios de ellos dan nombre, junto con Belarmino Tomás, a algunas de las salas de este palacio.
Esa decisión tampoco es casual. Los nombres dan vida, acaban con la invisibilidad propia del anonimato. En algunas jornadas especiales, la fachada de este edificio se ilumina de un color determinado. Cuando eso ocurre, este palacio rompe su discreción y llama la atención a golpe de luz. Ese también es el propósito de este acto, convocar un golpe de luz para recordarles a los asturianos y asturianas que esta también es su casa, que este edificio también es parte de su mejor historia.
















